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Mr. Iguana derrota a Tláloc y exige respeto a la lucha libre

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Foto: Mr. Iguana.
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Con el rostro casi despintado en su totalidad, Mr. Iguana tomaba el micrófono para reconocer el esfuerzo de su rival, por aguantarle una contienda de más de media hora. Tláloc yacía en el suelo, con el brazo lastimado y con el pecho ensangrentado. Entre jadeos, Iguana confirmaba que no había sido cosa de show, y que la lucha libre requería profesionalismo y respeto.

La competencia fue a una sola caída, mano a mano, en formato vale todo. José Manuel Guillén presentó a cada uno de los protagonistas: Mr. Iguana presumió un maquillaje diferente, lleno de grecas que simulaban la piel rugosa de un reptil; Tláloc apareció con un equipo brillante, color azul rey con siluetas amarillas que resaltaban la figura de la divinidad mexica.

Desde el ingreso al cuadrilátero, cada uno definió su aptitud para la lucha. Iguana dejó su emblemática Yesca para connotar seriedad en el duelo. Por su parte, Tláloc arribó con un semblante serio y con una actitud dispuesta a la agresividad. Decidió amedrentar a su rival con una silla del público para anunciar la posibilidad callejera del combate.

La hostilidad se hizo presente desde el primer contacto. La estrella de la Triple A intentó ser cordial con un choque de manos; sin embargo, recibió una cachetada. De inmediato, se prendieron los ánimos entre ambos. Tardaron en concretar una toma de réferi para empezar la pelea.

Mr. Iguana demostró su técnica luchística. Su repertorio de llaveo se conformó por una variante suástica; una cerrajera; unas tijeras al cuello; un cristo; un puente con castigo al cuello para rendición y la búsqueda del noqueo con un triángulo de asfixia. Tláloc se vio limitado en el contrallaveo y sólo se defendió resguardándose en las cuerdas. 

Con algunas ligeras torpezas en los movimientos y con una presunta lesión en la rodilla izquierda, el gladiador de Iztapalapa remontó con la fuerza. Ganó terreno con una serie de pierrotazos, buenos enganches en el aire y sorprendió a su rival con una plancha hacia fuera del ring. 

Abajo del encordado se mostró con mayor dominio Tláloc. Le puso un sillazo en la espalda, lo azotó en la barda del público y lo estrelló con los bordes del cuadrilátero. No obstante, su condición física le empezó a cobrar factura en el ajetreo de bajar y subir a la lona.

Por esta razón, Mr. Iguana encontró una oportunidad para controlar la lucha. Intentó con un resorte, unas tijeras voladoras y ejecutó también un tope sobre la tercera cuerda. También recurrió a la agresividad; repelió escupiéndole cerveza a su contrincante y pasó de las cachetadas a los codazos en la cara.

Posteriormente, ya no hubo un dominio claro sobre el rumbo del mano a mano. El sinaloense aplicó un doble sentón desde la esquina. Tláloc replicó con tres suplex consecutivos. Iguana contestó con un giro al aire. Le respondieron con un vuelo desde la tercera con rodillas a la cabeza. Pero nadie conseguía el conteo de tres.

El calor del tú por tú se volvió desesperante para los dos. Por un lado, las movidas del retador no conseguían desestabilizar totalmente al titular de La Caravana Estelar. Por el otro lado, el reptil quedaba sorprendido por el aguante de su contrario.

En este punto es que llegó la parte extrema. Tláloc sacó una tabla y la colocó en la esquina del ring. Preparó a su oponente y lo partió con una lanza. Asimismo, recuperó una charola de metal para golpearlo en repetidas ocasiones en la cabeza. Pero ninguno de estos castigos fue suficiente para derrocar a Mr. Iguana.

En la cúspide del enfrentamiento, Iguana sorprendió a Tláloc. Aprovechó el desgaste que le provocó al inicio en el brazo y lo finiquitó con un armbar de jiu jitsu; le arrancó la rendición y se anotó la lucha por la vía de sumisión. De inmediato, comenzaron a llover monedas gracias a los selectos espectadores. 

Después de ofrecer unas palabras, Lalo Elizarrarás tomó el micrófono para agradecer entre lágrimas a todos, porque estaba cumpliendo un sueño. De igual forma, reconoció la superioridad de Iguana. Enfatizó que dio todo su esfuerzo y que, a partir de su desempeño, demostraba que no era un juego. Reiteró que este deporte es cosa seria. Ambos chocaron el puño y se fueron con los brazos al aire.

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