En la esquina de una gran hazaña

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En el deporte existen muchas historias de éxito dadas a conocer por los medios de comunicación, como si fueran un cuento donde siempre vemos brillar al atleta como el Sol que ilumina un sistema solar. A lo largo de estos años, cada que leo un reportaje con ese tópico, suelo preguntarme quienes son las estrellas que giran alrededor de los deportistas para guiarlos y apoyarlos en este trayecto a la gloria. Es por ello, que hoy he decidido hablarles de Juan Muciño, un padre que fue apoyo para su hija a tal grado que juntos consiguieron una hazaña muy grande.

Muchas veces escuchamos que los padres no deben interferir en el entrenamiento de un deportista, que los progenitores no deben entrenar sus hijos, que el cariño paterno no se puede compaginar con la dureza y la disciplina que debe transmitir un entrenador a sus pupilos; en un deporte de gallardía, en el que habitualmente el atleta debe recibir castigo, donde brota la sangre y el esfuerzo en el gimnasio. Sin embargo, la familia Muciño ha demostrado que un padre puede ser un gran entrenador para su hija.

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Texto y fotos: Agustín Velázquez García.

Arely “Ametralladora”  Muciño con su padre apoyándola en la esquina, consiguió un logro único en la historia del pugilismo, se convirtió en la primera mexicana campeona en la misma división de la FIB, AMB, CMB y OMB. Los cuatro organismos más importantes en el mundo del boxeo y apenas en la segunda mujer en el planeta que logra alcanzar esa hazaña.

Es cierto que este país se destaca por ser generador de grandes pugilistas y entrenadores, sin embargo, ningún entrenador mexicano, incluyendo a Nacho Beristáin y  Arturo ‘Cuyo’ Hernández entre otros tantos, pudo hacer lo que la familia Muciño logro.

Pero, ¿cómo un padre se convirtió en el mejor entrenador? El bisabuelo, el abuelo y el padre de Arely practicaron el boxeo y hasta llegaron a competir. El deporte se encuentra en su sangre y en su manera de vivir.

Juan Muciño empezó como entrenador en  1991 con la meta de hacer algo bueno por los jóvenes de su comunidad. Los esfuerzos fueron encaminados a que sus pupilos se alejaran de todas las tentaciones y tuvieran una oportunidad de ser alguien en la vida. Por este motivo, empezó entrenando jóvenes en las calles y en el patio de su casa, de manera gratuita.

“Realmente fue una etapa dura de mi vida, sacrifique muchas cosas pero la más importante para mí es estar lejos de la familia. Mi mayor recompensa es cuando le levantan la mano a mis peleadores” Expreso Juan Muciño en platica conmigo.

Sin embargo, entre todas esas dificultades, Juan Muciño solvento a su familia trabajando como comerciante, en ese entonces, Arely compitió en los guantes de oro, viajaba sola de Monterrey a la Ciudad de México y regresaba el mismo día porque debía cumplir con sus estudios en la secundaria. Así viajaba de joven la “Ametralladora” quien ya apuntaba directo a sus sueños.

“Tenía que buscar un sustento que me permitiera seguir apoyando a mi hija y a los jóvenes que venía entrenando, así que opte por el comercio. Arely comenzo en el boxeo, por amor familiar a este deporte, por eso se dieron las cosas, ese fue el secreto y su disciplina. Mi idea era encausarla a la actividad física, alejarla de cualquier mal camino; pero las cosas se fueron dando, y así poco a poco, llegaron los títulos mundiales, me siento muy orgulloso de ella y de su trabajo” Expreso el entrenador regiomontano.

Personalmente creo que las historias de éxito se construyen soñando y cuando dos personas sueñan y trabajan unidas por alcanzar dichos anhelos, las victorias se vuelven más grandes.

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Texto y fotos: Agustín Velázquez García.

 

 

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